REGION QUINCEAVA

REGIÓN DE ARICA Y PARINACOTA

HISTORIA HOSPITAL JUAN NOE DE ARICA

La resonancia que había causado la campaña antimalárica en el norte del país, fue motivo para la construcción de un pequeño hospital en el villorrio de Tomasiri por la firma Franke Jullian, la misma que había construido el hotel Pacífico en Arica. La inauguración del pequeño “Hospital Juan Noé de Tomasiri”, fue muy promovida por las autoridades de la época, extendiendo invitación a un número importante de personas de Tacna y Arica, lo que hacía necesaria la consideración de la ausencia de servicios higiénicos para el uso de las ilustres visitas, especialmente las del sexo femenino. Fue así como una sala del Reten de Carabineros de Yalata, donde se proyectaba un refrigerio, fue tapizado con una gruesa capa de aserrín sobre la cual se instalaron los recipientes donde las damas asistentes podían evacuar sus aguas. Como modo preventivo de la malaria a todos los invitados se les hizo ingerir el “aperitivo Yalata” que contenía quinina y azul de metileno y que se elimina por vía renal, por lo que las señoras y señoritas asistentes se sintieron espantadas cuando fueron al servicio higiénico y constataron que su orina era de color azul.

El pequeño hospital Juan Noé de Tomasiri sirvió como unidad de emergencia para los pacientes maláricos de la población que vivía en el valle del río Sama. Luego los pacientes más graves o los uniformados infectados eran trasladados al hospital San Ramón de Tacna para ser atendidos en la sala San Rafael, cuyas 20 camas estaban a cargo del Interno René García Valenzuela que ejercía funciones de médico de cabecera. Se construyó una sala adjunta en la que se instaló el laboratorio de la Comisión antimalárica para efectuar exámenes de sangre a fresco que permitiera la identificación del parásito. La Campaña Primaveral consistió en la administración a toda la población que habitaba el margen sur del río Sama, de una dosis terapéutica de quinina a la que el Dr. Noé enriqueció con una fórmula llamada Esanofele, cuyo contenido era Sulfato de quinina 15 cg., Citrato de fierro amoniacal 3 mg., Acido arsenioso 1 mg., más extracto de genciana y ruibarbo en cantidad suficiente para una pastilla. Cuando se inició obligatoriamente esta medicación no faltaron las suspicacias que hicieron correr el rumor que los chilenos iban a envenenar a la población peruana para ganar el plebiscito, lo cual era un inconveniente para el éxito de la campaña. Este gran obstáculo fue enfrentado por el Teniente Aliaga con su reconocida hombría, disciplina y vocación de servicio. Personalmente recorría los pequeños poblados y reunía en un punto a todos los habitantes a un toque de corneta. Elegía entonces al más representativo de la comunidad y le pedía elegir al azar, de un canasto lleno de píldoras, la que más le acomodara y se la echara en su boca, luego le pedía al resto de la población a hacer lo propio. Este procedimiento lo repetía ritualmente en cada poblado, lo que hacía que ingeriera 3 o 4 mg. de ácido arsenioso al día.

Cuando el Dr. Noé se enteró que el éxito de la campaña se debía a la gran cantidad de pastillas que había ingerido el Teniente Aliaga, le preguntó si había notado algún efecto adverso. El oficial de Carabineros resumió el priapismo que el efecto afrodisíaco del ácido arsenioso le producía, con estas palabras: “noto…que se me hincha mucho la madera”. El italiano Noé estuvo varios días tratando de entender que tenía que ver la xilografía con la campaña antimalárica. Con la experiencia adquirida en esta primera campaña se organizó el trabajo epidemiológico en la región de Arica, abarcando los casos de malaria en la ciudad. Esta etapa estuvo a cargo de los Drs. Eduardo Bello, René García Valenzuela y Miguel Massa Sassi entre 1925 y 1927 y se limitó exclusivamente a la ciudad. René García Valenzuela fue afectado por una tuberculosis pulmonar que produjo una caverna que generaba hemoptisis por lo que fue trasladado al centro del país por vía marítima, que era el único medio de comunicación que existía en esa época. Fue internado en el Sanatorio Laenec de Puente Alto y sometido al único tratamiento conocido: clima de montaña, sobrealimentación, reposo en sillas de playa 8 horas diarias recibiendo el sol en amplias terrazas y cloruro de calcio. En 1929 se extendió la campaña a los valles de Lluta y Azapa a cargo de los Drs. Ramón Páez y René García Valenzuela, bajo la supervisión del Dr. Noé, estableciéndose como centro de operaciones el Hospital San Juan de Dios ya ubicado en la calle Arturo Gallo, con la calle 21 de Mayo que terminaba en un costado del cerro La Cruz en un fondo de saco sin salida, cerrado por la casa de las monjas de Santa Ana. Todos los registros de esta campaña desaparecieron en el incendio que destruyó la Escuela de Medicina de la Universidad de Chile en 1948.

Estas actividades que coincidieron con la época plebiscitaria fueron los prolegómenos de la gran campaña antimalárica que abarcaría un largo período de ocho años. Como el Plebiscito no se efectuó y Arica, desmembrada de Tacna, quedó definitivamente en poder de Chile, como la provincia más nueva, incorporada a nuestro territorio en agosto de 1929, se vio la necesidad de enfrentar en forma definitiva los problemas sanitarios del extremo norte. Tomando como base toda la experiencia recogida desde 1924, el Dr. Noé elevó al Gobierno Central un informe y programación de una gran campaña, elaborado en conjunto con el Dr. Sótero del Río, Director General de Beneficencia y el Sr. Santiago Labarca, (el cojo Labarca), Administrador de la Caja de Seguro obligatorio. En enero de 1937, siendo Presidente de la República, Arturo Alessandri Palma, Ministro de Salubridad, el Dr. Eduardo Cruz-Coke y Director General de Sanidad, el Dr. Atilio Macchiavello V. se crea en esta unidad el Departamento de Parasitología, bajo la dirección del Dr. Juan Noé. El Supremo Gobierno decidió emprender una campaña antimalárica definitiva con propósitos de erradicar este flagelo y permitir la colonización de los fértiles valles ariqueños, que presentaba un 70% de su población afectada de paludismo.

En el viejo hospital San Juan de Dios se instaló la Estación Antimalárica cuya primera Jefatura recayó en el Dr. Miguel Massa Sassi, quien asumió dicho cargo y la Dirección del Hospital y fue inaugurada el 24 de julio de 1937 por el Ministro de Relaciones Exteriores, don Juan Ramón Gutiérrez A. con un discurso en que establecía: “El Gobierno no persigue con esta obra la realización de un negocio, sino la regeneración de una comarca que ha sufrido los efectos de un largo olvido”. El personal del hospital y los ayudantes del Dr. Noé iniciaron desde ese día la lucha más apasionada y enérgica que cabe concebir contra un “mal-aire” que había asolado a la región septentrional desde épocas inmemoriales, y que es “roña que carcome la salud como las termitas la madera”. La sala Luís Arteaga del Hospital San Juan de Dios con sus 30 camas albergó a los enfermos palúdicos, cuyos ciclos de tercianas o cuartanas eran estudiados en el laboratorio de parasitología a cargo del Dr. Gabriel Gasic en un comienzo y luego por su reemplazante, el Dr. Jacobo Faigenbaum A. estableciéndose el Índice plasmodial de la región. Los enfermos más graves fueron sometidos a cura asaz radicales, como el tratamiento de Ascoli, en base a inyecciones de soluciones débiles de adrenalina por vía intravenosa. El censo de los maláricos era traspasado a fichas y se procedía a cuantificar los individuos con esplenomegalia para obtener el índice esplénico, dándose particular importancia al conocimiento de los índices infantiles, desde los recién nacidos hasta los 5 años de edad.

ANTIGUO LAZARETO DE ARICA

Desde 1937 a 1941, la campaña antimalárica, a pesar de los recursos económicos insuficientes y del escaso personal disponible, incluyó el extremo septentrional de Arica, constituido por la desembocadura del río San José, la población obrera del Ferrocarril de Arica a la Paz y el Regimiento Rancagua y se extendió desde el borde costero 25 kilómetros hacia el sector bajo del Valle de Azapa hasta Sobraya. En 1941, por renuncia del Dr. Massa, asumió la jefatura de la Estación antimalárica el Dr. Víctor Bertín Soto, extendiendo la actividad sanitaria al valle de Lluta, situado al norte de Arica. A partir de 1943, el Jefe de la Estación Antimalárica asumió además la Jefatura Sanitaria del Departamento de Arica. La dirección de la Estación quedó a cargo posteriormente en 1946 por el Dr. José Gutiérrez F. y se contó con la colaboración de los doctores René Pinto J. Florencio Pino y Jorge Román P.

La Dirección del Hospital San Juan de Dios fue asumida por el Dr. Roque Elorrieta quien colaboró en forma importante con la Campaña. Igualmente se contó con la generosa colaboración de los funcionarios señores Hernán Albí, Julio Aranda, Juan Adasme, Agustín Astorga, Basilio Araya, Alférez Francisco Collao, Gilberto Cortés, Oscar Cea, Juan Carrasco, Sargento–practicante Ángel Espinoza, Pedro Fajardo, Orlando González, Rómulo Pastori, Abraham Pimstein, Manuel Quiroz, Gabriel Rivera, Samuel Saavedra, Luís M. Silva. También es destacable la abnegación con que atendieron a los enfermos maláricos en el hospital, las religiosas de la Orden de Santa Ana. Desde 1945 la Malaria fue totalmente erradicada del territorio chileno, siendo nuestro país el primero en el continente americano en cumplir este objetivo y sirvió de base para el acuerdo de la Asamblea Mundial de la Salud, que en 1955 determinó que esa era la misión a cumplir para todos los países con endemia malárica en el orbe. Tan magníficos resultados fueron posibles gracias a la conjunción de esfuerzos de numerosas instituciones y de la comunidad ariqueña, en especial del Hospital de la Beneficencia Pública, del Cuerpo de Carabineros de Chile, del Ejército, la Caja del Seguro Obrero, el Magisterio, la Caja de Colonización Agrícola, la Línea Aérea Nacional, la Cruz Roja, el Rotary Club y la Dirección General de Sanidad. Entre los años 1927 y 1952 la Dirección del hospital fue ejercida ya no por filántropos de la Junta de Beneficencia sino por los Médicos Tomás Aravena Francini, Miguel Massa Sassi, Carlos Morales San Martín y Roque Elorrieta Ferrari y otros facultativos de breve desempeño o que asumieron suplencias. En la década de los 40 y hasta 1954 ejerció en Arica el Dr. Abel Garibaldi quien atendía adultos y niños, medicina y cirugía, era médico de familia de numerosos hogares de la zona y desempeñaba sus labores aparte del hospital en el Ejército, Carabineros, Ferrocarril Arica La Paz, Seguro Obrero, sumando en total 25 horas diarias contratadas, lo cual era imposible de cumplir. Cuando se le preguntaba como hacía para ejercer 25 horas médicas en un día de 24 horas cronológicas, respondía: “es que me levanto una hora antes”. La nueva ley del Servicio Nacional de Salud, el Estatuto del Médico funcionario y la Ley del Colegio Médico, regularon los horarios de los doctores, limitándolos a 8 horas diarias, extendiéndolas a 10 horas en aquellos lugares en que no hubiese otros profesionales.

El Departamento de Arica tenía 15.000 habitantes, la calle 18 de Septiembre continuaba por un costado del hospital y la cancha de fútbol de la Beneficencia, hasta la calle Lautaro donde se encontraba el antiguo Lazareto que se había transformado en el Hogar del Niño y en la Biblioteca Pública Guillermo Garay Urquieta bajo el amparo y la administración de la Logia Masónica Morro de Arica Nº 29. Hacia el valle seguía un camino de tierra que se internaba por la pampa. Se había construido un nuevo hospital en los jardines del antiguo, cuya mole de hormigón armado lucía imponente su frontis por la calle Gallo, con un nuevo nombre “Hospital Dr. Juan Noé,” en homenaje al sabio italiano que había fallecido en 1947. La edificación de la obra estuvo a cargo de de la Sociedad Constructora de Establecimientos Hospitalarios, siendo entregada el 3 de octubre de 1952 y recibida por el Dr. Abraham Drobny, Subsecretario de Salud, Previsión y Asistencia Social. La capacidad de las nuevas instalaciones era de 126 camas y contaba con un primer piso en que entrando, a la derecha estaban los boxes de atención del consultorio externo y oficinas de estadística; del pasillo de la izquierda estaba el baño de ingreso para los pacientes y las salas de Radiología, luego se originaban en forma perpendicular y en el siguiente orden las salas de los Servicios de Pensionado, Cirugía y Obstetricia, con dos Pabellones quirúrgicos y uno más pequeño para la colocación de yesos a cuyo costado estaba la sala de esterilización y preparación de material. En el segundo piso estaba la Dirección del hospital, las oficinas administrativas y de Higiene ambiental y los Servicios de Medicina, Bronco-pulmonar y Pediatría, la Farmacia y el Laboratorio. Aunque el nuevo hospital era amplio su dotación era mínima: dos cirujanos, dos médicos generales, dos pediatras y un médico residente, una química farmacéutica, doña Berta Sierra de la Fuente, dos matronas y una visitadora social.

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