REGION DOCEAVA

REGIÓN DE MAGALLANES

HISTORIA HOSPITAL Dr. Lautaro Navarro Avaria

EN TORNO AL PRIMER HOSPITAL DE SAN COSME Y SAN DAMIÁN (LA COLONIA)

La característica más sobresaliente en materia sanitaria en Magallanes, a fines del siglo XIX, era la falta absoluta de recintos hospitalarios. La constitución de la Junta de Beneficencia a mediados del año 1898, creado por disposición legal para su funcionamiento en todas las provincias de la República, cuyo objetivo era el de llevar adelante la fundación de hospitales. La primera medida que tomó esta institución fue la de conseguir la habilitación de un hospital provisorio, que no pasó de ser una “Casa de Socorro”, en tanto se adelantaba en la planificación y construcción de un proyecto definitivo conforme a las exigencias sanitarias y operativas.

Este recinto provisorio se instaló en una casa situada en la calle Ecuatoriana esquina con la de Llanquihue (actuales Carrera Pinto y O’Higgins), adquirida para tal propósito. En esta casa se habilitó una sala de cirugía, una sala para los enfermos (sección de pensionistas) y un depósito de cadáveres, con mobiliario y otros elementos para su funcionamiento. Su capacidad era para 20 pacientes, con presupuesto de la Junta de Beneficencia y erogaciones privadas. La inauguración de este provisorio Hospital fue el 2 de agosto de 1988, con la recepción del primer enfermo, al concluir el año ingresaron otros 58 pacientes, llegando en el año 1900 a ingresar en total 212 pacientes, 173 hombres y 39 mujeres. A pesar de sus condiciones precarias y provisorias, fue un adelanto para Magallanes y permaneció operativo hasta 1906 Este antiguo hospital provisorio, luego de su cierre en febrero de 1906, fue reabierto en junio del mismo año, como departamento para la atención de mujeres dedicadas a la prostitución y mujeres con infecciones venéreas contagiosas.

El aumento poblacional, y por ende la mayor demanda en salud, llevó al cabo de algunos años a la necesidad de construir un nuevo Hospital para Magallanes. Curso paralelo seguía la formulación y desarrollo del proyecto para un nosocomio, cuyo diseño arquitectónico se encomendó a la prestigiosa profesional de Valparaíso Numa Mayer. Para la ubicación de este nuevo recinto hospitalario, se recorrió toda la ciudad de Punta Arenas, por parte del Gobernador Carlos Bories y el Dr. Lautaro Navarro Avaria, se eligió la manzana 92 bis, situada entre las calles Atacama (Bories) y Magallanes, Sarmiento y Progreso (Croacia), en el comienzo de la Avenida de la Pampa (actual Presidente Bulnes). Al mismo tiempo, en julio de 1900, el Congreso Nacional había acordado la primera partida presupuestaria de $20.000, para la edificación.

El proyecto presentado gratuitamente por el arquitecto Mayer, fue rechazado por su elevado costo de construcción (prevista en mampostería de ladrillo), y se optó por planos alternativos que contemplaban la edificación con materiales mixtos, madera recubierta por fierro cincado, sobre fundamentos de piedra y cemento. Al parecer sólo el pabellón de cirugía, con ubicación central en el edificio, fue edificado con ladrillos. Se trató de un edificio de un piso, arquitectónicamente ceñida al estilo “chalet”, muy grato a la vista, con lucarnas en el pabellón central de administración, que servía de acceso principal y que se elevaba sobre las alas laterales del edificio; con falsos entramados decorativos en las paredes y cortes ornamentales en cornisas y aleros, pintado en color ocre en sus paredes(zinc) y verde inglés en arcos, puertas, ventanas y demás elementos en madera, y la techumbre, que también era de zinc en color rojo oscuro. Al término de la obra se la circundó con una verja de ladrillo y hierro forjado, con gran portal de acceso de este mismo material. El espacio intermedio fue convertido en jardín.

El diseño de la única planta contemplaba dependencias para la administración, dos pabellones para enfermos (hombres y mujeres) y otro para niños; departamento para pensionado de primera y segunda clase; sala de maternidad, quirófano y sala de curaciones y desinfección; dependencias para farmacia, enfermeras, lavandería y un tanatorio y morgue. Luego se añadieron la cocina, depósitos, y un pabellón para tuberculosos. La capacidad inicial fue para 40 pacientes. La superficie construida fue de 1.328m2, más tarde se levantó una residencia para el director. Se completó la edificación con la adquisición del mobiliario, el instrumental quirúrgico moderno, la caldera para la calefacción y otros elementos para el debido funcionamiento. Desde un principio se acordó con la Dirección General de la Armada de Chile, la construcción de un ala o departamento para la instalación de dependencias sanitarias para la atención del personal del Apostadero Naval de Magallanes y de las naves de estación o tránsito, con funcionamiento autónomo, y para el que se reservó parte del ala norte del edificio. El Hospital de Punta Arenas, fue inaugurado como Hospital de la Caridad el 1º de febrero de 1906, dada la inexistencia de un Hospital en una Ciudad que crecía y por la preocupación de la Fundación de Beneficencia, y el Gobernador de Magallanes Alberto Fuentes, quien entregó en un acto solemne el Hospital de Caridad, nombre denominado por la Junta de Beneficencia, que se haría cargo de su administración.

El día 10 de febrero del mismo año, con la colaboración de la Cruz Roja, se hizo el traslado de los enfermos desde el Hospital provisorio. Al concluir el año 1906 los pacientes ingresados llegaron a 375. El primer director fue el Dr. Ismael López, quien desde el comienzo contó con la colaboración de cuatro enfermeras, una de las cuales Benigna Silva, era además matrona y asumió la jefatura del grupo. El Dr. López serviría el cargo de director hasta el año 1922. El Hospital de Caridad, también sirvió desde un comienzo a los habitantes de los territorios argentinos de Santa Cruz y Tierra del Fuego, de la colonia de las Islas Falkland o Malvinas, como a los tripulantes y pasajeros del intenso tráfico marítimo por el Estrecho de Magallanes. Durante años fue el mejor establecimiento de América del Sur, vigencia operativa que se prolongaría hasta pasada la mitad del siglo XX, cuando otra vez la modernidad, exigiría una nueva edificación e instalaciones acordes a la época.

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